Heredero

Introducción,

 

Heredero.

 

–             Amigo, hermano, mi benevolente compañero de armas se que te llame repentinamente y sin ningún tipo de invitación cortes, mañana mi esposa seguro que me recordará las normas y reglas de etiqueta que un soberano debe de llevar sin ningún pretexto.

 

El hombre de los ojos verdes se acomodo con algo de molestia en la cama, está desde semanas que ha sido su descanso y prisión, no necesitaba esposas que le ataran sino que ya su cuerpo andaba exigiéndole factura de vencimiento. Su rostro adolorido, cabizbajo y pálido intento dibujar la mínima expresión de sonrisa al ver a su amigo sentado a su lado, en esa silla en la cual su esposa muy pocas veces se sentaba, menos veces que el médico de cabecera, sin embargo no podía exigirle nada, ella era la cabeza de familia desde el momento que acepto nupcias con esa belleza de cabellos negros.

 

–             No debes de decir más, amigo mío, tú sabes que no necesitamos invitaciones para vernos, ya somos como hermanos y por ende familía-  el hombre robusto de cabellera aquamarina beso sin motivo alguno la mano que descansaba en el pecho del enfermo- Ahora dime por qué me hiciste llamar tan repentinamente, hasta hiciste que nadie más se enterara de esta conversación. Se que Elena está con la Reina…. Porque mi esposa y mi hija estan en la quinta celebración dedicada a la pequeña princesa.

El hombre postrado en la cama sonrió de forma picara, un gesto que era muy común en el, el otro de cabellos aquamarinos se contagió con ese mismo gesto era como sí ambos sabían que lo que estaban haciendo estaba mal.

 

–             Espero que ambas no piensen mal de nosotros, como cuando eramos jóvenes- los ojos verdes brillaron ante tal comentario a la vez que miraba el como su amigo se acomodaba a su gusto en la silla-

–          Ellas siempre han sido así, no podremos cambiarlas, por suerte mi pequeña ha heredado mi personalidad mezclada con el buen gusto de mi esposa- se acomodo los cabellos que estaban atados en una trenza cómo era costumbre de su familia la coquetería se mantenía ante la adversidad de la edad-

 

El de cabellos aquamarinos le costaba mantener su mirada sobre  su mejor amigo hasta que noto la incomodidad que surcaba en los ojos verdes del hombre que comenzó a tocer debido a su enfermedad que cada día que pasaba lo consumía cada vez más. “Piel y huesos dónde antes existían músculos” ese fue el pensamiento que nació en el momento en qué entró en esa habitación pintada de blanco. Se había negado de usar el barbijo porque sabía que su amigo no le iba a dejar entrar si lo veía con el puesto.

 

–           Tengo un favor que pedirte y será el último…. – sus labios resecos se movieron con lentitud cómo si buscara la forma de decir todo lo que guardaba dentro con tan sólo unas cuantas palabras-

–          Vas a reponerte hermano, todos los mejores médicos están trabajando para que vuelvas a tu puesto- replico con rapidez sin poder hacerse la idea de escuchar esa palabra que tanto dolía-

La mano del anillo fue a parar a la mano del que estaba intentando no mostrarse adolorido por la realidad.

 

–             Tú me conoces, sólo he tenido dos amores en está vida de la cual estoy orgulloso de haberla recorrido- una tos seca salida de su garganta hizo eco en toda la habitación haciendo que la posición de su mano quedará bajo de la fuerte palma de su amigo- necesito que vayas por alguien por el heredero único e ilegitimo…

La mano fue apartada con brusquedad a la vez que se levantaba de la silla con gesto de sorpresa.

 

–            No me digas que….

–          Silencio, te lo pido no me juzgues… ambos ya recibimos el castigo de cada uno, ella se volvió una renegada y traidora de su reino y yo bueno tú sabes que Elena, mi esposa, me ha acusado de no poder darle un heredero del reino….

El enfermo intento respirar con calma ya que en esa conversación había acabado con su oxigeno, sus pulmones volvieron a la normalidad mientras que notaba que la inmutabilidad que siempre había existido en la apariencia de su amigo se había caído a pedazos. Sus manos se juntaron en el pecho y extrajo de debajo de su camisa una vieja carta amarillenta del interior. La tomo con fuerza como sí peleara consigo mismo a la hora de entregar su tesoro mejor guardado.

 

–             Quiero…. Mejor te exijo que me pagues los favores que he hecho y las veces en la que te salve la vida de está forma. Se que cuando lo traigas yo no estaré en este mundo, y la Reina me prometió que la búsqueda del protector se iba a posponer un año después de mi muerte.

 

Cuando escuchó esas palabras el hombre de la cabellera asintió con la cabeza y tomo el tesoro de su amigo, sabía lo que significaba no tener un heredero….

–              Sailor Urano… te prometo que lo encontraré y lo volveré un digno hijo tuyo…

 

La sonrisa agradecida de su hermano de armas fue suficiente como una respuesta y una despedida. Desde ese día debía de cumplir una última promesa. Leyó la carta y recordó a la segunda persona que su amigo había tenido…. Una dulce joven que se encargaba del jardín cuyos cabellos rubios podían asemejarse a los rayos solares…

1 Capítulo.    La fruta nunca cae tan lejos del árbol.

 

Parte Uno:  el valor de la información.

 

Una semana de viaje para llegar al reino de la arena, muchos favores pedidos a cambio de promesas que iba a cumplirlas apenas acabará con el objetivo del viaje. Ropas desaliñadas llenas de arena que se pegaron a la piel apenas arribo el tren del mediodía. Una tela blanca escondía sus cabellos aquamarinos de la mirada de los curiosos y por supuesto enemigos del reino de Cristal.

 

–            “ Vas a ir al reino de la arena dónde no existe soberano mas allá de la propia arena que dictamina quien vive y quién muere?- una mujer aún vestida de gala recriminaba a su esposo mientras se iba sacando con cuidado y lentitud las alajas color turquesa de su cuello y orejas-  Esposo mío, has perdido la cordura?- las manos suaves acostumbradas a tocar el violín acariciaron el rostro del hombre que mantenía su postura derecha dando a entender que su decisión ya había sido tomada y nadíe se la iba a cambiar aunque sean posturas razonables-

–          No me sucederá nada- beso la mano de su esposa con amor a la vez que veía como una pequeña de rizos color aquamarina intentaba esconderse detrás de la puerta semi cerrada sin darse cuenta que uno de sus rizos quedaba expuestos- Mi princesita- dijo el hombre al mismo tiempo que abría la puerta para encontrarse con el rostro temeroso de la niña- Estabas escuchando?

La niña asintió con la cabeza y corrió apresuradamente a los brazos de sus padres que la recibieron con una sonriza la cual sirvió para calmarla inmediatamente.”

 

Ahora, él estaba ahí escondiendo su apariencia, intentando no llamar la atención, cosa que a veces es complicado ya que su estatura, sus ojos y sus cabellos no eran fácilmente ocultables. Tomó sus pocas pertenencias, que llevaba en una maleta desgastada que encontró en una venta de segunda mano dejando la suya en su lugar, sus ojos percibieron el porque ese lugar no tenía dueño ni soberano, ni reglas… y no podía hablar sobre si había una costumbre. Las armas ilegales iban de mano en mano,mujeres algo desnudas paseaban por las calles de ese pueblo que había sido edificado como un lugar de paso y de comercialización. Respiro profundo, cosa que luego descubrió que había hecho mal, la arena entró en su boca provocando que de sus pulmones surgiera una tos seca que llamó la atención de todo el que se le cruzara. Se tapo la boca y caminó sin detenerse buscando una calle sin salida para ahí sí tomar unos sorbos del agua que había conseguido a precio excesivo. Su boca volvió a la normalidad y las gotas de sudor comenzaron a acumularse en la tela ligera y cómoda.

 

–             No puedo creer que exista este tipo de temperatura…- se quejó a la vez que sostuvo su espalda en la pared mugrienta-

–          Y estamos en un supuesto invierno, querido viajero- una voz de su espalda lo hizo darse vuelta con rapidez y sostener la daga escondida entre sus ropas pero al notar que era un anciano decrepito que salía de su escondite mientras sorbía un trago largo de un extraño brebaje que contenía alcohol-  Cómo decía… tendrás una moneda para este vagabundo?-

Relajo un poco su cuerpo y nego con la cabeza, intentando no hacer alguna gesticulación desagradable porque su nariz había percibido el nauseabundo olor que venía de ese anciano, una mezcla de mugre con alcohol barato.

 

–            No, lo siento- acomodo sus pertenencias y escondió la cantimplora-

 

El anciano estudio al hombre alto que estaba frente suyo, sin dejar de tomar el contenido de la botella, sonrió mostrando una hilera de dientes faltantes y amarillos.

 

–            Usted está perdido, y no es uno de nosotros…- comentó sentándose sin darle importancia en el charco de un liquido que no era agua- Lo van a matar y robar con mucha rapidez, esa daga que tiene oculta es de juguete, mi buen caballero.

 

El hombre alto sintió un escalofrío en su espalda, cuando escuchó las palabras del anciano, siguió en silencio sin interrumpir ni negar las palabras del otro hombre que reposaba en el suelo.

 

–            Sí buscas algo o a alguien preguntame que te responderé, no quisiera ver al vasallo de la reina hecho un cadáver…

–          Cómo supiste?- se abalanzo hacía él sosteniéndole del cuello y levantándolo sin mucha dificultad-

–          Los hombres de Neptune son muy característicos…. Y sus ojos están llenos de lealtad y honra, no como los demás que habitan en este mundo llamado el fin del todo.

 

El guerrero de Neptune soltó al hombre tirándolo hacía la pared sin poder pasar por alto esa risa que provenía de esa boca nauseabunda.

–             Una vez conocí a uno de ustedes… me dio asco verlos llenos de medallas y prendas que ostentaban riqueza- el anciano escupió al suelo casi cerca de las botas del guerrero-  Ahora lo que me parece curioso que uno de ustedes baje a este lugar de desolación y castigo… dónde la peor lacra social habita-

–          Estoy buscando a alguien- respondió con pocas palabras mostrando que las palabras del anciano no le afectaban en absoluto-

El viejo se acomodo y dejó de reírse para mirarlo con curiosidad a la vez que respondía con actitud segura y para nada irrazonable como daba a entender.

 

–             Yo conozco a todos…. Ponme a prueba Neptuniano.

–          Buscó una joven de cabellos rubios; que arribo hace unos 10 años…- intento recordar más información no sin antes analizar de lo que estaba hablando- Alta, una belleza ejemplar y extraña-

El anciano se quedó pensativo y luego de un par de minutos, comenzó a hablar sabiendo que le habían obviado mucha información, que quizas fuese necesaria.

 

–            Sí, una belleza de Urano… las mujeres que se creen hombres con esa actitud rebelde y dominante, la recuerdo… porque ella me regaló agua y comida, mientras sostenía su panza con actitud de protección…. Así que como no soy un loco, como todo el mundo cree, ni tampoco ignorante supe desde el principio que esa mujer delicada tenía una mirada de amor, y sólo he visto esa mirada en las mujeres cuando esperan un hijo…

El hombre escuchó esas palabras y tuvo que frenar su instinto de exigirle más información al respecto, pero supo que debía de tener paciencia.

 

–             Es a ella a la cual estas buscando? …. Debo de confesarte que has llegado muy tarde.

 

El guerrero que antes se hacía llamar el impenetrable, el de la sonrisa confiada, en esos  momentos sintió el peso de haber llegado muy tarde, sintió dolor por su amigo, por qué las últimas esperanzas que había atesorado su hermano de armas eran banas y obsoletas. Apoyó su mano sobre la pared sosteniendo el peso de su cuerpo abatido y acalorado, sin percatarse que el anciano seguía mofándose, el eco de su carcajada iba golpeando las paredes y con un estruendo del golpe del puño del guerrero fueron calladas.

 

–            DEJA DE REÍRTE! PEDAZO DE ESCORIA!-

El anciano obedeció el mandato y dejó de reírse aunque luego comentó de forma seria:

–            Está escoria… dejó a esa dama bajo la protección de las sacerdotizas de la esperanza… Ella está ahí sana y salva. Tienes que dirigirte hacía el sur y tomar el camino de los idiotas e idealistas…. Lleva una buena cantidad de agua y rezale a la Reina por protección. Porque acá el viento y la arena son quienes eligen a los afortunados.

El anciano terminó de beber todo el contenido de la botella y cerró los ojos quedándose profundamente dormido, sin percatarse que unas cuantas monedas fueron colocadas sobre sus manos que al sentir el contacto con el metal se cerraron por acto y reflejo.

 

 

Parte Dos:  La arena y el viento.

 

–              En mi mundo no existe estos desiertos…- comentaba el hombre que hablaba con la criatura que lo llevaba- tú estas preparado para resistir estas temperaturas… aunque no te hicieron para que huelas a perfume-

Comenzó a reírse ante ese comentario, esperando que alguien más le siguiera el chiste.

 

–           Sí el hubiese estado aquí, seguro que hubiese dicho “tu tampoco hueles a rosas” – su cabeza iba cayendo en la montura de la criatura que cuando la vio le pareció completamente asquerosa pero con el viaje descubrió que estaba más adaptada a este tipo de clima la arena no le molestaba por sus largas pestañas y un saco dentro de su cuerpo hacía de bolsa de agua- Siempre, te metías en problemas Phill… y este caso no es la excepción.

 

La criatura seguía su marcha sin necesidad de una guía, su caminar lento dónde cada pezuña se apoyaba en la arena caliente como sí no le afectara ese calor infernal. Las pocas cosas del guerrero reposaban en los costados y el agua había sido administrada por cada día, por si acaso se perdía y no llegaba a su destino, el cual todavía no conocía y no estaba en ningún mapa. Su cuerpo le ardía, las ropas le molestaban y la boca le sabía a sequedad, la arena se había colado en ciertas partes de su cuerpo molestándole con un perseverante cosquilleo.

 

–              Esperó llegar… pronto o te volveras un ser sin quién te monte- murmuro y supo que si gastaba su saliva luego se iba a arrepentir.

Pasaron tres días y el suministro de agua se iba acabando a medida que su espalda recta iba decayendo sobre el cuerpo del animal, ya no tenía fuerzas para mantenerse. Recordó todos sus entrenamientos, todos sus años protegiendo al reino, las noches en vela junto con sus compañeros. La risa de su hermano cada vez que cometía un error, la franqueza de la mirada que le regalaban. Sus manos no pudieron apretar durante más tiempo las riendas y cayo sobre la arena, el sol le hizo cerrar los ojos y vio de forma incredula como la criatura seguía su marcha sin esperarle. Su cuerpo le pesaba toneladas y la voz no pudo articularse en su garganta.

 

–              Vas a rendirte?- escuchó y vio la sombra de su amigo frente de el que le extendía su mano, quizó tomarla pero sus brazos no le respondían automáticamente-  Ohhh el señor vagancia no quiere levantarse y quiere escaparse de sus responsabilidades… qué le dire a la Reina…

 

El hombre postrado en la arena sonrió porque esa silueta era de Phill, pero de unos 20 años más joven.

 

–            Ahhh sí El principe Caspian, futuro heredero del trono de Neptune, no quiere levantarse porque no quiere casarse con la princesa… por qué en realidad me ama a mi…

 

Caspian de ahora sonrió y con una fuerza renovada pudo volverse a levantar y tomo la rienda antes de que la criatura se perdiera de su alcance. Se  dejó arrastrar y ató el brazo, cerró los ojos y le rezó a su Reina, pidiendo por su vida, porque deseaba volver a ver a su familia.

La criatura siguió el camino a paso lento arrastrando a su supuesto dueño.

 

Parte 3: Los ojos.

El cuerpo desgastado de Caspian terminó dejado por la criatura unos kilómetros más del camino. Sintió dolor en varias partes de su cuerpo, sumado con la desesperación de ingerir algún líquido inexistente en su haber. Sufrió, quizó gritar…finalmente se quedo dormido a su suerte. Despertó ante las lamidas ásperas cuyo aroma del hocico le dio asco, reconoció a la criatura que estaba acostada a su lado, era de noche pudo visualizar las estrellas y sintió un calidez proveniente de la derecha de su cuerpo miró para esa dirección para descubrir una fogata y una persona que la iba alimentando con pequeñas ramas. Miró por un segundo a su salvador pero los parpados le pesaron tanto que los termino cerrando y volvió al mundo de los sueños, pero no sin antes haber visto por un micro segundo los ojos de esa persona, de un color verde que se le hicieron particularmente conocidos.

Eso fue lo último que recordó, luego la siguiente vez que se desperto estaba en una habitación fresca, con sus ropas cambiadas y descansando en una comoda cama, cuyas sábanas eran blancas y el perfume de flores le llegaban a su nariz como sí fuera una proseción de sensaciones nuevas, que hace mucho no experimentaba.

Unas sonrisas tímidas y juveniles viajaron hasta sus oídos y busco con su mirada de dónde provenían hasta que vio un grupo de cinco mujeres que le miraban con las mejillas ruborizadas, reconoció esa expresión, se acomodo disimuladamente sus cabellos logrando que las risas se volvieran aún más nerviosas.

 

–            Quién diría que el protector de Neptuno siguiera coqueteando con juveniles muchachas…- una voz algo severa y conocida hizo que Caspian se diera vuelta y se encontrará con la persona que estaba buscando desde un principio-

–          Lizzbeth- grito sin querer su nombre descubriendo que su voz no parecía la de costumbre intentó modular nuevamente mientras veía como un vaso era llenado con agua cristalina y luego dejado en su mano con un suave toque de unas manos que antes y pareciera que continuaba dedicándose a la jardinería-

–          Él te ha mandado…- dijo directamente sentándose en la silla que daba a la ventana un viento tibio entro y le acaricio los cabellos rubios largos que le llegaban a la mitad de la espalda- vienes a buscar a mi hijo?

 

Caspian iba a responder, pero le fue difícil acomodar sus ideas y sus palabras de forma sincera y nada directa. Era como si esa mujer lo enmudeciera con solo su presencia. Noto que alguien más, además de las muchachas que seguían cuchicheando entre ellas, estaba en esa habitación y su respuesta llego bajo una figura que corrió a los brazos de Lizzbeth y se abrazo a su cuello, regalándole unos besos en las mejillas. Se quedo callado mirando esa escena… no podía creer lo que estaban viendo sus ojos. La mujer notó esa mirada sorprendida y sin esperar mucho alejo lo suficiente al niño de sus brazos…

 

–            Saske, quiero presentarte a un buen conocido mío, el protector de Neptune Caspian-

El niño se escondió detrás de la silla, escondiéndose al notar que ese extraño lo veía de una forma que no le gustaba. Sus cabellos negros junto con los ojos amarronados, igual que los de Lizzbeth, fueron lo último que vio el hombre que todavía no lograba salir de su estupor.

 

–            “Es un heredero”- pensó.

 

 

 

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Pecado

Pecado

Te nublare la vista, te haré perder el sentido y finalmente te extraviaras en un mar lleno de sirenas.  Todo eso y más te haré;  mientras tú, vociferarás miles de veces mi nombre y Tú aliento chocara en mi oído, me harás temblar y casi caer sobre ti y perder mi puesto arriba tuyo, en donde puede verte tan hermosa y tan perfecta, estando ahí, en esa posición, eres como tienes que ser, una criatura deseosa y entregada al vaivén de mis manos. Comenzaras a fundirte, buscando mi pecho,  en un abrazo casi mortal, me clavaras tus uñas en mi espalda, como si exigieras que yo acelere mi ritmo para congraciarte, llevarte al límite  y no regresarte por largo tiempo a la realidad. Dime, ahora que estás en la gloria, ¿el infierno existe? Por qué te llevo al cielo con doble pasaje uno de ida y otro de vuelta, no seré un ángel pero si el ser que más te conoce en la tierra.

Se que dentro de unos años esto lo veras como pecado, pero ahora mismo para ti mis besos y caricias son  tú salvación, y para mi, una condena irreversible, que viviría tomando como verdadero camino, aunque la condena me flagele el cuerpo.

Mis ojos no pueden verte directamente, la oscuridad del cuarto no me lo permite, pero escuchó tu voz que murmura palabras que no logro distinguir, no se  si son rezos o alabanzas a mi desempeño.

Tus cabellos descansan por toda la extensión de la almohada, y algunas veces los usas  como una pincel para provocarme cosquillas en mi abdomen y rostro.  Suspiro e intento que dejes de provocarme risas, para así colocarte en otra posición, para tu deleite lo aceptas y no pones ningún tipo de resistencia sólo te vas preparando, humedeciéndote  los labios y abriendo más las piernas, puedo notar tu nerviosismo al no poder esperar lo que vendrá. Eres insistente, y no quieres besos lentos sino que  terminas tomando mi rostro y lo guías con suavidad a donde tú deseas que yo bese, yo sólo atino a sonreír y cerrar los ojos para dedicarme a mi tarea. Mi lengua ha  provocado más y más suspiros que van altercándose con los gemidos.

Te llevare a un lugar que no sabrás como regresar por ti sola, y sólo yo te podré guiar de nuevo por el mismo camino. Sin embargo se que no será siempre así…

–           Mañana voy a casarme- dices sin preocuparte de mi reacción-

Esas cuatro palabras insignificantes me regresan a mi estado en donde mi razón gobierna mi corazón, mientras tú te vas despidiendo de mis caricias, de mis besos y de mis dulces palabras, que sólo salían a flote estando contigo.  Ahora mismo tú piensas: “que sólo fue un juego lo que sucede entre nosotras”. Pero, desearía objetar y decirte que  perdí siempre la razón cuando vos me gobernaste con tus rígidas normas, con tu forma de ser: cariñosa en la intimidad y toda una señorita de clase  fuera de la alcoba.

Termino soltándote, cuando llegas al éxtasis, reconozco cuando es el momento para dejarte respirar y cuando el de volver a la carga, pero sin embargo está vez se que no volveré a tocarte o hacerte mía nuevamente. Te acaricio por última vez, beso con dulzura la piel que no volveré a recorrer y soy detenida por una de tus manos que me aparta de tu cuerpo, negándome el contacto que tanto necesito para vivir en estos momentos de letanía.

–           No me dejes marcas… – exiges-

Abro los ojos a la par y retiro mi cuerpo, todavía vestido, para sentarme en el otro costado de la cama. Siento como te mueves hacía mi y me abrazas, una de tus manos comienza a ejercer presión en uno de mis pezones, me besas en mi cuello y yo intento no derramar ninguna lágrima, tú sonríes y comienzas a hablar sobre los detalles de la boda y mi mente no termina de entender el porque había sido elegido como tu  dama de honor. Me narras los detalles, es la fiesta que tanto deseaste me repites tantas veces, para que yo también sea parte de todo, te la imaginas, es todo perfecto a través de sus ojos, pero ¿por qué no puedo yo imaginarlo?

Tus manos recorren mi cuerpo con soltura, como sí se tratara de un juego de niños, estas  me pellizcan en algunos lugares y luego sonríes al ver la reacción de mi cuerpo, me vas empujando a la cama y me despojas de mi ropa con rapidez. Ella me besa, me muerde y luego hace lo que desea… no puedo decirle que no, ya mi cuerpo no es mió sino de ella.

–           Es mi última noche de soltera

Me repites como si fuera una declaración de inculpabilidad por todo lo que me estaba haciendo. Era ese el motivo por el qué se despedía de mi de está forma. Cerré los ojos  ya no me importaba.

Ahora mientras ella se va vistiendo yo me hago la dormida, me dejas una nota diciendo que me esperaba, lo malo es que está vez, en lugar de un beso de despedida había dejado el dinero que necesitaba para irme del pueblo.

A través del espejo del baño, fui  encontrando los rastros que me habías dejado y los que no podía ver, estaban dentro de mí, mi espalda había sido tatuada por sus uñas, hasta el punto de sangrar un poco, y mi cuerpo tendrá memorizado el contacto de ella, por siempre.

Ella sabía desde el principio, que yo no iba a ir a la ceremonia… recibió de parte mía como regalo de bodas un nota escrita diciendo “Espero que seas feliz” y dentro del sobre todo el dinero que me había dejado.

Salí de la ciudad dejando mis cosas en una casa de empeños que me dio lo necesario para escaparme de todo, pero mi cuerpo sigue gritando el nombre de ella y lo seguirá haciendo…

está historia ni siquiera se cuando la escribí y como…. mmm debe de haber sido una noche que las musas me agarraron y me hicieron escribir sin sentido.

Tiene final triste….

Entropia (RJM)

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Sábanas de Seda

Sábanas de Seda.

Es un código lo que tenemos tú y yo,  una llamada corta y fría significa que se ha cancelado todo…. Tres llamadas exigentes y ansiosas quieren decir que está noche me deseas.  Sí y hoy es ese tipo de noche, que debo de dejarme primeramente, acariciar  por el agua que sale de mi ducha.  Esos minutos en la  que disfruto el agua tibia rozar mi cuerpo, mis pechos  y por supuesto mi cuello, son los momentos que siento que es una previa a todo lo que vendrá, mi cuerpo reacciona a las caricias del agua como si fueran tus manos, pero tus dedos son como los de un pianista… largos y capaces de sacar cualquier melodía de las teclas blancas… de las zonas erógenas de mi cuerpo.  Cierro el grifo y noto el vapor de agua, y noto el vapor que se creó por todo el alrededor logrando que el espejo se empañara completamente, sonrió para pasar mi mano con suavidad por su superficie logrando ver mi rostro,  y encontrándome con unos ojos algo brillosos y expectantes, cosa que no debería de estar en mi cara. Paseo mis manos por mis cabellos completamente mojados, las gotas de agua de mi cuerpo van viajando hasta llegar al piso y caer en picada para juntarse con otras.  Luego una toalla fue colocada por mi misma, intentando secarme completamente para notar con un poco de sonrojo el cómo mi cuerpo reaccionaba por sí solo, sí el también estaba esperando ese momento durante la semana… y él es más sincero y directo que mis palabras y mi cabeza.

Siento el pequeño nerviosismo de siempre, son los momentos en que estoy en el “puedo o no puedo” en el “está bien o está mal”. Habita en mi interior dos alter egos… y ellos me desesperan.   Siempre caminó un par de cuadras y en una de las esquinas noto el vehículo azul, que hace guiño apenas me ve. Me dirijo hasta el auto y veo que apenas estoy a pocos centímetros de rozar el plástico de la manija, escucho la sonrisa del interior y luego la puerta es abierta, mostrándome unos ojos marrones algo divertidos como diciendo que lo que estábamos haciendo era como si estuviéramos planeando matar a alguien, sí la persona que conduce ese auto azul ha visto muchas películas de misterio, pero me encanta ese toque aventurero e imaginativo.  Soy invitada a subir y sin esperar mucho aceptó y me siento en el asiento del lado del acompañante, apenas mi cuerpo entra completamente al vehículo es asediado, tocado y abusado por una mano juguetona que fue acariciando sin esperar permiso,  pero fue quitada por una de mis manos logrando que el rostro del conductor se volviera como un infante malcriado y colorará su rostro de “por favor”.  Sonrió y no puedo negarle nada, más cuando usa golpes bajos, llevo mi mano a su rostro y se lo acaricio con suavidad logrando que este se acercara al mío, nos besamos en el auto por largo rato, las luces estaban apagadas de fondo se podía escuchar el silencio de las calles de los días laborales dónde no hay ninguna alma a la hora en que nosotros nos besábamos. No teníamos que separarnos o pensar que alguien más podía ser espectador de nuestro contacto pícaro y cada vez más y más pasional.  Ahora los vidrios del auto se van empañando  con el calor que sale de nuestros cuerpos y respiración acalorada, tu cuerpo se siente incomodo ya que no llegas a ciertas partes que deseas tocar del mío, ocasionando que sin querer tu codo presionara el botón del claxon cosa que me hizo separarme de ti y notar como yo en mi arrebato de pasión había logrado desabotonar todos los botones de tu camisa, escondí mi cara como pude llevándola a mirar hacia el otro costado, mientras escuchaba tu risa divertida para luego ver el brillo del encendedor de metal que te había regalado ser usado para encender un cigarrillo. El aroma de tabaco fue llenando la cabina… cerré los ojos a la vez que mi mano fue tomada por la tuya y luego llevada hasta tu pecho semi desnudo, mi piel sólo era separada por la tuya por la tela del corpiño, sentí  tus latidos chocar y chocar y de tus labios carnosos unas palabras salieron,  con el tono más bajo que sólo usas para susurrarme palabras tras el parlante de tu celular para no ser escuchada por otro sino por mí, me regalas tus promesas, tus explicaciones, tus sueños y tus deseos a la vez que me propones irnos a otro lado. Al principio pensaba en negarme, habíamos ya quedado que no podíamos seguir haciéndolo, pero cómo siempre mi cuerpo y mi corazón en parte le pertenecían, de mi boca salió un Sí… cosa que hizo que se encendiera las luces del vehículo y que el motor diera un rugido en la noche algo fría de un común martes.  Tu sonrisa es risueña, y tu coqueta mano a veces abandona la caja de cambios para acariciar la mía.

Aparcas el coche justo dónde está el cartel algo quejumbroso  donde algunas letras logran titilar, pero se logra leer lo que dicen… “hotel”. Me diriges una mirada traviesa para luego apuntar con tu mano derecha tus botones, me invitas a volverte a tocar para abrocharte los botones de la camisa, mientras tú te decides a comer mi cuello con besos y lamidas provocando que algo que me podía llevar segundos se volvieran minutos, unos tentadores y excitantes minutos.  Tu bajas, pagas y traes contigo una botella de vino junto con las llaves de la habitación. Una vez me confesaste que conmigo había sido la primera vez en entrar a estos hoteles de mala muerte, pero que no le importo porque había sido la primera noche en que su cuerpo llegaba al paraíso, yo reía ante sus confesiones… y porque también sus palabras eran las de un poeta. Yo no estuve lejos ante su confesión, en realidad ella también era la primera chica que compartía las sabanas blancas y algo sospechosas de una habitación de un hotel.

Abres la botella de vino y me ofreces beber del pico donde antes tus labios habían acariciado el vidrio, acepte a la vez que aprovechaste el momento para comenzar a besarme el cuello nuevamente a la vez que una de tus manos acaricio por entre medio de mis piernas en gesto lujurioso,  sacando de mis labios lo que deseabas escuchar, un leve gemido que escuchaste y lo atesoraste a la vez que continuabas brindándome caricias y besos por encima de las prendas que poco a poco fuiste apartando como obstáculos molestos.  Yo no me quise quedar atrás, así que devolví la botella y de un empujón suave tú te sentaste en la orilla de la cama, note tu mirada lasciva y susurre en tu oído a la vez que lamía el lóbulo:

–              Tú camisa…  me molesta-

Sentí tu aliento golpear mi nuca y con un movimiento rápido tiré de ambos extremos de la tela, logrando que todos los botones fueran a caer al suelo, a distintas direcciones de la habitación. Sonreí para llevar mis labios a tu cuello, paseando antes por tus mejillas, rozando tus labios y negándote un beso, jugué con tus deseos. Conocí tu cuerpo esa noche de borrachera, dónde tú coqueteaste directamente, jugando y jugando con todas las chicas del lugar, era como sí desearas liberarte esa noche… yo con mi borrachera encima y sin la voz de la conciencia no lo pensé tanto y te lleve al hotel… Note más en el medio día  que tenías un halo blanco en tu mano derecha más donde se lleva la alianza. Mientras me agarraba la cabeza, tú te abrazaste más y me sugeriste seguir durmiendo… Y ahora mismo sigo haciéndolo… me gusta besarte, jugar con tu cuerpo y a la vez que tú me lleves al “paraíso”, así como tú lo llamaste, pero no me gustaba dejarte ir… así que siempre hacía que nuestros encuentros duraran más,  prolongando el placer y haciendo que los orgasmos de ambas nunca acabar . Tú te desenvuelves magníficamente en cada encuentro, ya sabes cuales son mis zonas, mis debilidades y hasta dónde tengo cosquillas… Sí me conoces tanto como yo te conozco.

Las ropas ya no están en nuestros cuerpos, sólo existe entre ambas la piel que roza la otra piel. Mis labios quieren decir esas palabras que tanto me duelen tenerlas en mi interior, se que sí las pronuncio el espejismo iba a terminar desapareciendo. Te toco a la vez que tu lo haces, en ambos cuerpos se puede sentir  que está llegando el momento, tus gemidos se complementan con los míos, una lagrima de dolor y amor se forma en uno de mis ojos esta cae en las sábanas dudosas, tú nunca te vas a enterar ya que esta se secara en un par de minutos,  tus dedos entran aún más y quedan, mientras que los míos rozan tu zona más sensible dónde sientes más placer… hemos acabado y tú me haces recostar a tu lado a la vez que juegas con mis pechos con la mano que antes estaba en mi interior.  Aplaco mi respiración para volverla normal,  para escuchar tus palabras en francés que a veces me dices con tanto cariño, alguna vez tuve la tentación de pedirte una traducción, pero siento que no es necesario porque ambas sabemos que es lo que cada una quisiera decir, pero que no puede.

Ya es de día y tú pareces no querer despertar… te miro por largo rato hasta que uno de tus ojos se abre y me mira por largo rato, una sonrisa se forma y un comentario se escapa:

–             Tienes espacio para una amiga en tu departamento?

Me quedo absorta sin saber que decir pero tú me quitas la pregunta de mis labios depositando un beso y luego unas palabras que sólo yo y únicamente yo podía escuchar.

Estas historias todas concursaron, está última es casi la más reciente… últimamente ando intentando la primera persona. No es el narrador predilecto, pero sentí que era más propicio para estos momentos.

Autor: Entropia…. (RJM)

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Rosa Blanca

No sabía en lo que me estaba metiendo, tampoco que iba a ver las lágrimas correr por sus mejillas durante tantos segundos que se me hicieron eternos. Mis ojos se centraron en los otros ojos que me miraban con odio, luego… se volvió nebuloso, sabía que hacerlo al medio día cuando hay niebla era la peor decisión de ambos, pero el honor era primero. El guante blanco descansaba en el bolsillo de mi chaqueta, el culpable de todo, ahora entiendo tus palabras de anoche… pero ya es tarde de escaparnos, es tarde. Mi padrino verifica mi arma con tal precisión que me hace pensar que no es la primera vez que está siendo participe de este acontecimiento, el otro hombre vestido con un traje negro hace el mismo trato con la otra pistola. Mis manos comenzaron a temblar, mis cuerpo a sudar, todo mi ser estaba queriendo evadirse de todo esto, pero era tarde como antes dije, no hay tiempo para nada. El hombre que me mira con tanto odio contenido comienza a reírse, se en lo que está pensando “lo tengo ganado”. La niebla se hace cada vez más densa, y mi respiración por segundos parece que no existiera. Y ella me mira con sus ojos llorosos que me dan ganas de haberle escuchado esa noche:

–               Escapémonos y vayamos a un lugar que nadie nos conozca…

Me lo dijo con suplica y dolor, ella sabía que era imposible que yo pueda salir de esta situación… pero mi confianza y mi amor por ella me hizo negarme a su ruego. Le regale mi beso y mi amor eterno mientras le susurre:

–               terminaré todo esto y luego desapareceremos. No puedo irme ya que  al amanecer todo acabará y estaremos disfrutando nuestro amor incondicional.

Ahora entiendo, comprendo el porque de sus lágrimas y la ropa de luto, cual fue mi error: Confiarme es mi peor pecado lo se y ahora me toca aceptar este destino, sostener ese pistola de duelo caminar los diez pasos y…

La niebla envolvió a ambos sujetos vestidos con sus mejores trajes, las pistolas estaban acomodadas en las manos de cada uno, los padrinos se sacaron sus sombreros de copa, guardando el respeto a ambos contrincantes y por sobre todas las cosas al campo del duelo. La mujer lloraba, no podía ocultar sus lágrimas, aunque se había prometido no llorar. Confiaba en que el amor ganaría, pero también tenía sus dudas sobre el duelo. Había demasiada diferencia entre ambos contrincantes, uno era joven con cuerpo delgado,  enfermo y con una bufanda roja que le tapaba su cuello, su palidez y su rostro sin ninguna barba o bigote. El padrino de esté comenzó a rezar por la alma de ese mozuelo que no llegaba a pisar los 20 años… Tan joven, tan inexperto, tan entregado al amor de juventud. Cómo podía retar a duelo a alguien que le ganaba de experiencia, el hombre bajo su rostro, no le agradaba ver como morían los jóvenes con corazón ardiente en tan tontos enfrentamientos, de sus dos hijos uno murió en el campo de batalla y el otro en un duelo, este sabia por carne propia como era perder a alguien en esos impulsos alocados. El otro padrino comenzó a contar los pasos, el momento se estaba acercando.

Me era difícil escuchar la voz camine por impulso. Escuche de suerte el número diez me di vuelta y apreté el gatillo sin calcular ni ver a donde disparaba. El otro también disparo, en esos segundos en que la bala salió de la pistola y se escucho el sonido retumbante comprendí que todo esto valía la pena para defender el honor de ella,  sonreí y me di cuenta que no le había dicho que la amaba, ¿será demasiado tarde? o ¿ella ya lo intuía?

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Era la primera vez que lo hacía, eso de ir a una fiesta de disfraces y mezclarme entre la muchedumbre, en esos días no importaba nada era como si todos fuéramos iguales mientras que tuviéramos un disfraz y una máscara puesta, me había conseguido la mejor ropa y podía hacerme pasar por alguien que no era. Era mi primer carnaval, está fiesta tan profana y vulgar, pero esta aventura me llevaba al éxtasis, incumplir con las normas y mezclarme como si fuera uno más en la corriente de festejos.  Mi bufanda roja me sirve para completar mi disfraz, mi mascara tapa completamente mi rostro no deja que nadie más logré intuir sobre mi índole o situación. Para los que me logren ver solo seré alguien más, está noche me daré el lujo de caminar sin que nadie sepa quien soy yo.

Mi cuerpo es arrastrado, empujado hasta un sitio inesperado, un callejón  que en esos momentos parecía ser tranquilo y me serviría de protección hasta lograr recuperar el aliento, pero no espere que alguien más pensará lo mismo. Nuestros cuerpos chocaron y antes de que mi cuerpo fuera impulsado por la muchedumbre entre, quedando a pocos centímetros del otro cuerpo. El espacio era reducido podía sentir su aliento en mi cuello, en el pequeño sitio donde la bufanda no me protegía.

Unos segundos pasaron hasta que la calle principal se despejo, en ese tiempo logre ver que se trataba de una joven, que llevaba vestido color rosa con unos adornos en color blanco y una rosa en el centro de su escote, además parecía ser un vestido de diseñador, perdón lo era… las rosas en la terminación del vestido eran de las más bellas hechas con hilos y una gran maestría, pero la del escote era natural, una rosa perfecta cortada con delicadeza  y sin ninguna espina, tan perfecta que me encontré mirando algo que no debía, recibiendo una sonrisa de esos labios gruesos pintados de un color rojo, labios remarcados que depositaron un beso en mi mascara, y luego siguieron sonriéndome como si estuviera invitándome a seguirle, y que luego la propietaria de esa rosa se escapo yéndose lejos de mi alcance pero deteniéndose a cada rato para incitarme a ir tras ella. Mi indecisión me hizo quedarme como piedra en ese sitio mientras veía como la rosa se escapaba de mi visión. Una risa carnavalesca me hizo correr tras ella y perseguirla pero descubrí que no podía encontrarle entre la multitud y las miles de caretas que se parecían a la que ella llevaba. Me senté cerca de la fuente y descubrí que alguien me hacía cosquillas en mi nuca con algo que era suave al tacto, al darme la vuelta me vi con una rosa blanca y esos labios juguetones que seguían riéndose. Pero esta vez ella me había contagiado y yo también me vi riéndome, no por el carnaval, no por la fiesta ni siquiera por los bufones sino porque ella parecía ser la que me contagiaba ese estado.

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La rosa blanca descansa entre nuestras palmas, ella baila aunque a veces noto que ella es la que me está guiando y no yo a ella. Es un bals perfecto visto desde los ojos de afuera, pero entre ambos sabemos que está lleno de imperfecciones. Aunque no importa, esta noche tenemos máscaras y no me importuna sentir las miradas de todos, ella sabe como moverse en la pista y yo solamente la sigo no como un hábil bailarín pero si como un buen compañero. Las miradas de todos quedan atrapadas por nuestro baile, ella es hermosa con esa mascara y yo no me quedo atrás. Hacemos una perfecta pareja.

Ya estaba terminando el carnaval, me tenía que escapar. No tenía que hacerme ver. En el último baile me escapo con agilidad dejando caer la rosa blanca, que se sostenía entre nuestras manos. Ella siente eso, pero era el momento de sacarse las mascaras.

Todo los que estaban a mi alrededor de iba despojando de sus caras falsas, y volvían a ser los que eran en la vida real, la fiesta estaba acabando era hora de volver a la realidad. Intento apartarme, escaparme de todos pero siento como alguien me toma la mano, al darme la vuelta la veo a ella con su mascara puesta y la rosa, ambas me estaban siguiendo.

Ella es la que me guía ahora, ella es la que me está  ayudando a escapar hasta donde nos habíamos encontrado ahí escuchamos expectantes la última campanada que daba señal de que finalizaba toda está fiesta. Ella se saco su mascara en la intimidad de ese callejón semi iluminado para luego desatar la mía y depositar un beso en mis labios. Sus ojos se abrieron al acabar el beso y lograron ver mi rostro y mis mejillas que lograron el color carmesí, el mismo que el de sus labios. Ella sonrío y me puso su rosa blanca en mi pecho izquierdo, dentro del pequeño bolsillo como si fuera una prendedor o un pañuelo. Me regalo una sonrisa y sus ojos verdes me miraron con más detenimiento, sus manos sacaron mis cabellos que estaban desparramados sobre mi rostro, todos fueron acomodados detrás de mis orejas, sus ojos brillaron aún más y fui abrazada con ternura en ese callejón, y como dos amantes furtivos escondidos de todos nos besamos entregándonos a la otra sin miedos y sin esas mascaras o disfraces que llevábamos todos los días.

La rosa blanca fue reemplazada por otras, cada una era especial más si venía de ella, compartimos momentos y nos mandábamos cartas en secreto, hasta logré un día poder escabullirme de mi hogar y entrar al suyo por la ventana. El disfraz de hombre me servía y mi hermano nunca preguntaría por este. Logre imitar el caminar de un caballero y hasta el peinado, pero me faltaba tanto para parecerme más a uno, mi cuerpo me delataba completamente. Pero ella no le importaba, por cada visita me ganaba una rosa blanca y caricias de parte de mi amor. Escribí sonetos de amor a escondidas, le demostré mi amor de mil maneras.

La bala traspaso el cuerpo de uno de los dos contrincantes, ambos padrinos se quedaron mirando la escena con solemnidad y en el extremo silencio. La mujer que lloraba y llevaba en su vestido una rosa blanca detuvo por un segundo su llanto.

Los meses pasaron y cada día tenía un nuevo recuerdo con ella, y los pétalos de rosa se iban acumulando entre las hojas de los libros de mi familia. Pero llego el día en que alguien le hizo daño, ese hombre que intento tocarla y llevarla consigo, ese ser que profano su honor, aquel hombre que su familia la había vendido por tan poco, no podía permitirlo y mi mente no razono me lance con el guante de mi hermano y lo rete a duelo por el honor de ella. Este ser acepto golpeándome con su guante más rudamente, hay es donde comenzó este calvario y las lagrimas que fluyeron por los ojos de ella se manifestaron durante toda esa noche, en la que fue ella la que me visito a mi cuarto para detenerme y hacerme dar cuenta de mi error. Hacerme ver que no valía la pena vivir en un mundo en donde yo no estaba, pero mi confianza no me dejaba ver su desesperación, me beso, me acaricio esta vez como si intentará meterse en mi cuerpo o grabarse en su memoria el mismo. Hicimos el amor, hasta creo que nos entregamos como nunca lo hicimos… pero al terminar ella se largo a llorar aún más y el sabor de mi boca era amargo en vez de ser dulce como siempre imaginaba que sería.

Ese sabor amargo le acompaño en todo momento, en ese amanecer, en esa arena de duelo. Y cuando sostuvo esa arma comprendió que era ese sabor… el sonido ensordecedor le siguió al de un cuerpo caer al piso, la sangre se desparramo y el arma que llevaba el jovenzuelo, que tenía una rosa blanca descansando en su pecho, le salía un humo con olor a pólvora. Unas lágrimas se escaparon de sus ojos color azules claros, como el cielo, unos sentimientos que iban del miedo a la calma y terminando en la culpa. La  mano que llevaba el peso de esos sentimientos no  pudo sostener más el del arma así que la soltó, escuchando el ruido del metal golpear el piso y luego los pasos rápidos de su padrino de armas. Este lo ayudo a levantarse y el fue el que agarro esa arma pesada, para luego ponerla nuevamente dentro del estuche.

El médico llego hasta el cuerpo del contrincante de ese jovenzuelo, y con su mano sintió el suave pero latente corazón del hombre que hasta ese momento había ganado todos los duelos, hasta este día.

El jovenzuelo débil y enfermizo como lo tacho su padrino se abrazo con fuerza a la joven de ojos verdes, ella había dejado de llorar y ahora le regalaba una sonrisa de alivio.

Ambas se abrazaron, una todavía con preocupaciones y la otra con sentimientos de agradecimiento. Estuvieron así juntas y compartiendo sus sentimientos durante largos minuto.

Las rosas blancas perfectas y hermosas que descansaban en sus pechos se juntaron también en esa unión, ambas rosas que habían sido separadas de el rosal ahora volvían a estar juntas en los corazones de sus portadoras.

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Gallito Ciego

Unas risas de niños llegan a los oídos de un perro callejero, este levantó sus orejas para escucharlos y sin llegar a abrir los ojos continuó con su siesta. Sus orejas seguían alertas a los sonidos provenientes de un pequeño grupo de niños que se juntaron en torno a dos de sus compañeros de juego. Una niña con sus dos trenzas bien atadas y un pequeñito de seis años que intentaba no perder de su cabeza una gran gorra azul que no se ajustaba completamente a su frente.  Los demás chicos se apretujaron alrededor de ambos, como si formaran un círculo de protección, sonrieron y prestaron atención a la niñita que con su voz suave y melódica explico con fáciles detalles en lo que consistía el juego.

–          Primero debemos de taparte los ojos con este pañuelo – la niña mayor muestra el trozo de tela que habían conseguido al compañerito de la gorra – después te haremos dar muchas vueltas para marearte.

El niño asintió con la cabeza con un poco de miedo, ya que era la primera vez que jugaba a este tipo de juegos. Sus ojos marrones claros siguieron concentrados en los labios de la niña que continuaba con su explicación.

–          Muy bien cuando ya estés mareado tendrás que encontrarnos, y cuando agarres a uno de nosotros debes de intentar adivinar quien es.

La niña de las trenzas se colocó en la espalda del chico y le sacó la gorra para poder atar mejor el nudo. Sin el gorro los cabellos largos del pequeño se dejaron ver. La niña de las trenzas no se sorprendió, sino que ató con un buen nudo el pañuelo alrededor de los ojos marrones, a los segundos intentó señalar un número realizado con sus dedos, y puso su mano delante de la vista tapada del gallito.

–          ¿Cuantos dedos tengo?

–          ¿Cómo voy a saber? – recrimino el niñito cruzándose de brazos un poco enojado mientras era empujado por distintas manos para que de vueltas.

El perro vagabundo olfateó en el aire un aroma conocido y se levanto de su modesto y roído hogar. Sus ojos ancianos y muy sabios visualizaron a una chica que caminaba un poco agitada por la plaza, su rumbo iba a parar a donde estaba el can que la esperaba moviendo la cola de un lado a otro. La joven lo miró de lejos pero no podía apurar su caminata, ya que su mochila, que descansaba en su espalda, estaba más pesada de lo normal y se le sumaba el peso de los libros que transportaba en una de sus manos. El vagabundo esperó ansioso la llegada de la chica, ya que siempre algo le traía y se lo daba antes de entrar al sitio a donde iba. La chica sacó del interior de su mochila un trozo de pan que estaba guardado entre una servilleta de papel, el perro se quedo comiéndolo mientras ella iba entrando al edificio que era custodiado por dos leones, que descansaban en los pilares de la escalera. Uno de ellos el que abría la boca mostrando sus fauces protegía entre sus garras el letrero de hierro, el otro un poco más tranquilo descansaba. La chica entró a la biblioteca sin tener miedo a los dos guardianes de bronce.

La bibliotecaria no se percató de la entrada de la joven y continúo trabajando en sus cosas, acomodando repetitivamente los libros que se dejaban en las mesas, abandonados luego de ser usados.

Algunos estudiantes levantaron el rostro para ver a la joven que recién entraba al establecimiento, pero con la idea de despejar un poco la mente del estudio que los postergaba a pasar un día sábado dentro de la biblioteca estudiando para sus respectivos exámenes. La chica había llegado a una mesa apartada sacó sus libros y comenzó el baile que imponía la lapicera que iba del libro al cuaderno y así sucesivamente. Su rostro se enfocaba en los diferentes libros que estaban abiertos en una hoja especial. Todos se referían al mismo tema. Su mundo era esa mesa, esos libros, ese ritmo rápido de estudio que se había impuesto y lo demás no existía.

Las horas fueron pasando con su transcurso normal y sus cambios en el cielo, los grandes ventanales dejaron de hacer entrar luz solar la que fue sustituida por una iluminación hecha por tecnología humana.

La chica dejó de lado los libros que estaban en la mesa y fue a buscar unos nuevos a las estanterías que estaban a unos pasos. No se había percatado de la hora, ni de que estaba sola, completamente sola en esa zona de la biblioteca. Sus manos pasaron por las tapas de los libros y a medida que los tocaba iba leyendo los autores y  los nombres. Se fue alejando de la mesa aún más.

Pero un gran cambio se iba a gestar en ese día, un cambio importante.

En un momento las bombillas, lámparas y tubos dejaron de funcionar debido a un corte de electricidad de toda la cuadra. La biblioteca cayó ante las fuerzas de la oscuridad y en todas las alas comenzó a reinar el silencio que traía consigo la negrura.

Todo desapareció, todo los muebles que existían en esa realidad, todo fue envuelto ante una capa negra. Las ventanas fueron golpeadas por el viento que cada vez agarraba más fuerza afuera del edificio y quería entrar con todo su ímpetu. Unas hojas volaron de la mesa al piso llevadas por el. El sonido del golpeteó continuo de las ventanas a la dura pared hacía que la muchacha se perdiera aun más dentro de ese entorno oscuro. Cerró con un poco de miedo los ojos y quiso con todos sus deseos volver a la mesa, que por lo menos era un sitio donde se sentía un poco más segura. Sus manos se apoyaron en la madera y en  su espalda sintió las duras tapas de los libros que le tocaban en ciertos sitios, puntos sensitivos de su columna vertebral. Ese contacto la hizo dar su primer paso.

Dejando de lado la protección de la estantería, poco a poco su mano dejó de tantear la madera. Uno de sus dedos fue el último en considerarla como protección. La otra mano fue movida para todo sitio, como si estuviera buscando algo en esa oscuridad.

Un sonido extraño en uno de sus costados la hizo detenerse, plantarse en ese sitio perdiendo toda la valentía de continuar.

–          ¿Hay alguien?

Dijo a la persona que estaba continuando con su persistente ruido. Los oídos de la joven percibieron los pasos que intentaban acercársele. Pero no hubo respuesta a su interrogante, solamente más y más ruidos. El paso que dio para adelante lo volvió a dar pero para atrás, regresando al mismo sitio donde había comenzado. Los pasos se detuvieron justo delante de ella. El silencio volvió pero éste estuvo acompañado por algo más. Una mano tocó con suavidad el abdomen de la chica, estaba fría pero su tacto era suave, como si intentará no ser notada por la muchacha que no entendía nada. La mano en vez de salir al sentir la piel de una persona, no lo hizo, sino que la apoyó con un poco más de soltura, mientras que empujaba el cuerpo para que quedará atrapado entre su cuerpo y la estantería. Los dedos masajearon con desdén la prenda buscando la terminación para poder penetrar por debajo de ella y sentir con más determinación la piel suave de la chica que estaba encerrada y sin entender nada.

Asustada, aterrada, nerviosa, sintiendo algo que nunca había sentido en toda su vida. Ya no fue suficiente con tocarla, ahora unos labios traviesos buscaron su cuello, lo besaron para guiarse al rostro y allí recorrer un camino en la oscuridad hasta los sus labios. Pequeños besos fueron depositados por todos los costados. La otra persona fue guiada por las reacciones de la chica encerrada. Era como si conociera a la perfección el cuerpo de esta. Aunque la oscuridad reinaba los labios de la acorralada estaban siendo hallados por unos labios expertos. Faltaban segundos para que se depositara un beso en ellos. La chica estaba muy petrificada, ni siquiera pudo reaccionar para impedírselo, aunque muy dentro deseaba sentir esos labios invasores.

–          Siempre me gustaste – Una voz femenina escapó de esos labios salvajes – ¡Siempre!

Esa persona se alejo de la misma forma en que había llegado, pero esta vez escapó al ver que la luz de una linterna se acercaba a donde estaban ambas.

Como un fantasma se alejó con tanta rapidez que cuando llegó la bibliotecaria al sitio solo encontró a la chica que se apoyaba en la estantería, tapándose la boca y con una extraña agitación.

–          Hubo un corte de luz en toda la cuadra, ya llame a decir – dijo la bibliotecaria que no le dio importancia al estado de la chica y apunto con su linterna el camino para guiarla a la mesa.

Un objeto fue iluminado por un segundo pero no escapó a la mirada de la chica. Lo levantó sin pensarlo mucho y se sentó en la silla. Todavía no había despertado de ese momento tan extraño. Su corazón estaba convulsionado, latiendo sin remedio, sus mejillas estaban con un matiz rojizo, y además sentía algo en su cuerpo… un calor que la invadía.

La bibliotecaria la dejó abandonada nuevamente en la oscuridad. Recordó entonces a los minutos que tenía el celular en uno de los bolsillos. Abrió la tapa y aprovecho la luz que emitía el aparato para ver el objeto que agarró del piso. Cuando vio lo que era supo que todo lo que había pasado no era obra de un fantasma. Sonrío para si misma. Sus ojos marrones claros por primera vez brillaron por el descubrimiento. Su corazón latía por ese alguien, esa persona que le había confesado sus sentimientos bajo la protección del anonimato. Se levantó de la silla y sin tener miedo a la oscuridad caminó con un paso seguro hasta el inicio de las escaleras que daban al sótano, donde se guardaban los periódicos viejos y libros antiguos. En ese momento apretó el botón del celular para iluminarlas y poder caminar con un poco más de seguridad, cuidando no resbalarse. Sus pasos fueron acompañados por el aroma a humedad y a lo antiguo.

Una luz estaba al final de su camino. Se encontró con una chica abrazada a sus piernas y que apoyaba su rostro entre ellas. Una linterna estaba en el piso, de ahí provenía la lumbre que la guió en los últimos escalones. Sus ojos marrones captaron la tristeza de esa imagen, mientras que su corazón latía cada vez con más desenfreno. Por unos cuantos segundos se quedo sin saber que hacer, ni siquiera se animaba a acercársele, sólo la miraba desde esa distancia prudencial. Tomó con un poco de fuerza el objeto que estaba en su mano y sacó fuerzas para hablarle:

–          Lisa olvidaste tu arete – dijo mientras se fue acercando a la otra chica y colocaba delante suyo el objeto que estaba en su mano.

Lisa tomó el arete con su mano derecha y lo guardó en su bolsillo sin decir nada, para luego intentar ocultar nuevamente su rostro en el escudo que había formado con sus brazos.

–           ¿Por qué lo hiciste?

La contestación primera que recibió fue que Lisa se abrazo aún más y tapó como pudo las lágrimas que estaban en sus mejillas.

–          No se de qué hablas Andrea – mintió.

Andrea se acercó y con sus manos de forma delicada apartó el rostro que estaba sumergido entre lágrimas. La miró a los ojos  por varios segundos, mientras que con sus manos secaba con serenidad las lágrimas que tapaban esos hermosos ojos color mar.

–          ¿No esperaste mi respuesta? – murmuró Andrea y se fue acercando al rostro de Lisa sin tener problema alguno para llegar a los labios gruesos que anteriormente la había recorrido en la oscuridad de la sala.

Unió sus labios con los de ella en un cálido e irresistible beso que se profundizó al ser correspondido por la chica que antes lloraba por no ser capaz de decirle cuanto la amaba.

–          Te amo – pudo decir entre besos Lisa.

Andrea solo le sonrío como respuesta y le volvió a exigir el contacto de sus labios, que reclamaron continuar sin detenerse. Una de ellas, sin querer, en uno de sus deseos por el contacto de la otra hizo rodar la linterna por el piso. Esta llegó a la pared y con un golpe  fuerte dejó de funcionar.

¿Dime hoy jugaste en la oscuridad?

Fin del Juego

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Cartel del caos

El sitio perfecto para encontrar al caos en  acción. Un caos dedicado a las letras que deja volar a su imaginación hasta llegar a cada lector  de forma mas íntima y sincera. ¿Estas listo para sumergirte? sólo da tu última bocanada de aire, cierra los ojos y confía que una sorpresa llegarás a descubrir del otro lado de la imaginación.

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